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Los amores cilícicos
(celebración)
por Ana Julia
González Aswad
Los Amores Cilícicos,
eso es. Dicen que es
un libro de poemas
de amor, y yo digo
que no, bueno, digo
que en parte sí son
poemas de amor, pero
no es lo importante.
Porque en realidad
no son poemas de
amor.
Los Amores Cilícicos
habla de cuando
fulano encuentra a
mengano, y los dos
están en el mismo
mundo, más o menos,
por eso se
encuentran, por eso
también se
comprenden. Y habla
de cómo las
personas, o los
objetos, o los
trazos de colores,
nos relacionamos
unos con otros, y de
lo que pasa cuando
miramos otro par de
ojos que no son los
nuestros, y cuando
nos toca tener en
cuenta a otro ser a
nuestro lado, y
cuando hacemos cosas
por el otro,
pensando en el otro,
directamente
relacionadas con él.
Bien mirado, siempre
estamos haciendo
algo para los demás,
aunque sea odiar,
aunque sea huir de
los demás.
Y eso será amor, no
lo sé. Pero también
digo yo que son dos
amigos, que son la
madre y la hija, el
perro y la pulga, mi
jefe y yo. Que son
las infinitas
parejas que el mundo
crea para su
diversión y
regocijo. Lo del
amor, puede ser que
ocurra. O puede que
no.
Pero lo que ocurre
en el libro es que
se lleva a un
laboratorio a una de
esas parejas, se la
instala en un
decorado posible, y
se sienta uno a
observar qué es lo
que ocurre, como si
no ocurriera ninguna
otra cosa en el
mundo. Concentremos
la mirada en esos
dos, sin más ruidos
ni más visiones que
las que se produzcan
de su encuentro, de
su trama de
relación, del viejo
juego humano de no
estar solo y contar
con ello
tremendamente.
Y a través de
nuestro microscopio
poético de diez
aumentos, veremos
Los Amores Cilícicos,
la trampa fatal del
corazón, la
fragilidad, el miedo
a ser rechazado, la
esperanza de caminar
junto a otro, la
inocencia, el querer
querernos, el
hacernos daño. Y
todas esas historias
están ahí, en cada
poema, a poco que
les dejemos estar.
Algo que me gusta de
este libro es que
arriesga, en lo
poético y en lo
personal, cosa
bastante rara en los
libros de poetas
jóvenes, al menos en
los que yo he leído.
Lo fácil hubiese
sido subirse a las
formas ya sabidas, a
las que otros
validaron como
eficaces en su
momento, pero Luis
Escribano no lo
hace, escribe con
libertad, con valor,
y nos propone un
ritmo terriblemente
suyo, unas maneras
de hacer que no
admiten discusión.
Y me parece que
salen vencedores
casi todos los
poemas, quitando que
alguna vez el autor
abuse un poco de los
hallazgos de brillo
poético, como el
pesado de la cena
que repite en los
postres, en el café
y en el baile, la
anécdota que le hizo
ganar la atención de
su familia y amigos
durante los
entremeses fríos.
Pero los invitados a
Los Amores
consentimos eso sin
problema, porque
sabemos que después
vendrá el giro de
palabras
alucinatorio, la
armadura de bestia
parda y borde de una
imagen disfrazada de
tules que se quedará
con nosotros para
siempre, el proceso
perfecto en lo
técnico y en lo
sentimental de la
poesía de Luis
Escribano, la poesía
de Luis Escribano
trabajada hasta el
hueso, la poesía de
Luis Escribano que
es un reloj suizo
que llora, que es
una máquina de
mazapán como las de
Leonardo.
Si antes no has
leído nada suyo,
este libro es un
buen ejemplo de la
forma de hacer del
autor últimamente.
Digamos que es de lo
poco original que se
puede encontrar
ahora mismo. También
me gusta de él que
no le tiembla el
pulso a la hora de
poner bombas en la
Real Academia, y eso
es bueno porque abre
caminos y formas que
los “legales del
verso” tienen
prohibidos. Y así se
llega a sitios
distintos, a
conclusiones más
frescas, y el poema
parece que te ayuda
en el motín de tus
días.
“Los Amores
Cilícicos” tiene
protagonistas
bastante
surrealistas, como
la vida misma en
realidad. Mi
favorito es la
Zapatilla
Existencial.
Mientras los
filósofos salen
locos en sus
hipótesis secretas
buscando el alma, la
esencia, el
colorcillo de lo
impensable que nos
dirige, va Luis
Escribano y descubre
todo el puto juego:
la Zapatilla
Existencial, amigos.
Pasen y vean.
Todo eso en un
entorno de cómic, de
viñeta en blanco y
negro, de personajes
a silueta y
estáticos, pero no
muertos. Luis
Escribano se pone su
capa negra y su
sombrero de copa y
hace magias
tranquilas, urbanas,
sencillas,
perdedoras,
seriecitas. Y
propone un juego de
hablarnos a lo más
nuestro, y no es un
juego de ganar o
perder. Es un
discurso sin
muestras gratuitas
de maestría, no
hacen falta, sin
chistes fáciles para
que le admires, sin
ingenio de baratija.
Luis Escribano te
dice en este libro
lo que hay, luego tú
lo tomas o lo dejas,
como quieras. No
pasa nada. No se
sangrará
eternamente, ni el
rayo caído destruirá
el planeta
pequeñito. Es sólo
una historia que
Luis te pone en el
oído, hablando bajo,
con calma, sentados
en el banco de un
parque. No pasa
nada, tranquilos. Es
sólo una historia
normal, cotidiana,
con algunos
monstruos y algunas
maravillas, pero
tranquilos.
A nadie le quepa
duda de que todos
los amores cilícicos
posibles están en
este libro. |